miércoles , 18 julio 2018

La lucha interna y familiar del Grupo PSA

PSA ha perdido en los dos últimos años 4.000 millones de euros. Para mantenerse en el negocio ha tenido que realizar una ampliación de capital de 1.000 millones de euros, en la que pujó General Motors, vender divisiones rentables como GEFCO y apretarse el cinturón en cuanto a costes, planificando cierres de factorías y despidos de miles de personas.

Resulta curioso que, al mismo tiempo que la compañía está haciendo aguas en lo económico, mantenga su posición como el segundo grupo más importante de Europa por ventas, y cuente ahora mismo con la mejor gama de productos que nunca han tenido en cuanto a competitividad como en cuanto a calidad.

PSA necesita contar con liquidez “desde ya” si no quiere que sus productos futuros paguen los platos rotos de sus estrecheces económicas actuales La historia de cómo se ha llegado a esta situación es de sobras conocida. La crisis mundial de 2008 golpeó las ventas en Europa de manera salvaje. PSA decidió entonces apoyarse en lo que el gobierno francés invitaba a hacer mediante programas de ayudas millonarios: invertir en el desarrollo de nuevos productos ecológicos y nuevos modelos en general.

Seis años después, PSA disfruta ahora de los resultados de haber invertido tanto en nuevos productos, con coches que son mejores que nunca. Los reemplazos del 308 y del C4 Picasso, que estrenan plataforma modular, son coches que borran todas las penurias de sus antecesores, coches incapaces de ser alternativas creíbles al resto de gamas de modelos de otras marcas, salvo con campañas agresivas de precios.

Pero la dependencia del mercado europeo, un sistema productivo poco eficiente, con muchas plataformas distintas y muchas factorías pequeñas trabajando con un bajo porcentaje de ocupación, se han acabado por cargar la base del negocio de PSA.

Ahora los galos tienen claro lo que tienen que hacer, y cuando Carlos Tavares tome el puesto de CEO de Phillippe Varin en cuestión de un par de meses, su hoja de ruta estará bastante clara: Mantener el ritmo de la reestructuración, con el cierre y el despido de empleados ya marcados, al tiempo que todos los nuevos productos de la marca se articulan en plataformas comunes, algunas compartidas con otros fabricantes. Que PSA, que controla una enorme cuota de mercado en Europa, sea rentable es cuestión de seguir ese camino y mantener la calidad de los productos actuales. Pero claro, de lo que te alimentas hoy se desprende de lo que enfermas después.

En 2008 hubo dinero para poner sobre la mesa y desarrollar productos de los que ahora PSA puede vivir. Si ahora, en 2014, el ritmo de inversión se paraliza, el resultado puede ser que en 2020 los productos adolezcan las estrecheces “alimenticias” en el departamento de I+D de ahora.

Para evitar ese resultado agorero PSA necesita efectivo en su cuenta corriente, y sabes que lo está buscando por activa y por pasiva.

El objetivo está claro: Lograr 3.000 millones de euros en cuestión de unos pocos meses, y a partir de ahí, recuperar la rentabilidad en 2015, cuando se complete la reestructuración, reduciendo además la dependencia de Europa y recuperando las ganancias.

El problema es que para conseguir ese resultado hay muchos caminos, y los que mandan en el seno de PSA no están de acuerdo con cuál de las vías se ha de tomar.

La familia Peugeot controla ahora mismo el 25% del accionariado de PSA, con un control del 38% de los votos del consejo administrativo. Pero dentro de la propia familia hay dos visiones de lo que se debería hacer.

Por un lado está Thierry Peugeot y por otro Robert Peugeot. El primero es director de PSA, el segundo es el máximo responsable de FFP. ¿Que qué es FFP? es uno de los dos holdings conformado por los descendientes de Peugeot, siendo el EPF el otro, del que toma parte Thierry Peugeot.

Thierry está realmente molesto con la idea de abrir las puertas a un sistema de control de PSA donde Dongfeng y el gobierno galo tengan el mismo peso que la familia del fundador de la compañía. Explica y justifica su punto de vista diciendo que crear un mandato entre tres partes iguales puede dar lugar a una compañía complicada o directamente imposible de dirigir, con demasiados intereses contrapuestos.

La realidad subyacente que los analistas consultados por Reuters explican es el arraigo de la familia Peugeot a la firma, y la resistencia que quieren oponer a que haya un cambio de manos en cuanto al control de la firma.

Lo que Thierry y otros familiares proponen es una ampliación de capital de 3.000 millones de euros abierta a cualquiera que quiera participar, sin un acuerdo previo de por medio con Dongfeng. El problema es encontrar suficientes inversores interesados en meter dinero en una compañía que, si bien parece estar en la senda de poner al día sus cuentas, lleva quemando demasiado dinero demasiado tiempo.

JPMorgan Chase & Co. se ofrece a dar garantía y suscribir esta oferta de ampliación de capital en el mercado convencional.

Pero la opción preferida por la mayoría de descendientes de Peugeot pasa por la ya comentada y “pre-aprobada” fórmula del borrador firmado con Dongfeng. En esta los chinos meterían 750 millones de euros, el gobierno francés igualaría esa inversión. Los dos holdings de familiares de Peugeot aportarían 100 millones de euros de manera conjunta, y el resto del dinero se buscaría a través de una ampliación de capital convencional. Pero esta medida dejaría un 14% de propiedad para cada uno de los tres principales integrados en PSA.

Si Thierry y los suyos quieren hacer ver algo es que esta situación “entre iguales” puede acabar mal para PSA, y quiere que sea la familia Peugeot la que tenga “el voto de la discordia”, vamos, que mantenga su extra de poder en el consejo de administración, por encima de su poder accionarial real.

En el seno de la familia Peugeot no hay consenso sobre si ceder o no parte del control a Dongfeng Pero, ¿realmente cree Thierry que los chinos de Dongfeng aceptarían eso? Está claro que no, y por eso busca una ampliación de capital pública, confiado en que ese sería un buen camino para ellos.

Nosotros discrepamos. PSA no sólo necesita dinero, también necesita un socio industrial que le permita reducir los costes de desarrollo de plataformas, amortizándolos en más productos, al tiempo que le abra más mercados. Dongfeng en eso puede ser vital, pues impulsaría todavía más a PSA en China.

¿No están los descendientes de Peugeot pensando demasiado en sus propios intereses por encima del interés común de la compañía para su supervivencia y rentabilidad a largo plazo? Es difícil montar una compañía y que te acaben desplazando del timón de mando, pero hay muchos empleos en juego como para ponerse ahora mismo “cabezón”.

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Fanáticos de los autos y las competencias de motor. En Twitter es @el_nelson

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